VOCES QUE ATRAVIESAN MONTAÑAS
«Historias de vida de la mujer tamazight desde el Alto Atlas Marroquí»
Este artículo habla sobre un libro, un libro que bien podrían ser muchos libros, muchas vidas. 78 para ser exactos. 78 historias de vida de mujeres timazighen que nos invitan a adentrarnos en su mundo, desde sus infancias, hasta la cotidianidad en sus huertos, donde pasan gran parte de su rutina diaria o las celebraciones entre henna y bailes imazighen en lo alto del Atlas. 78 voces que ya han atravesado montañas y que ahora las leen, las sienten y las viven desde otros lugares del mundo, lejos de este lugar que ahora habito, el corazón del Alto Atlas, el hogar que les vio nacer.
«Voces que atraviesan montañas» es su libro. Las mujeres de Ifoulou, Azrzem, Tissili, Ouagomout y Amarghoute y las maestras que les acompañan en sus clases de alfabetización de la fundación Acción Geoda, junto con mi compañera Inmaculada Garro Sánchez, y conmigo, María Alba Gómez de Carrero, hemos recopilado estas historias llenas de fuerza y libertad, después de convivir junto a ellas y formar parte de su cotidianidad. Fue en el verano de 2023 cuando nuestros caminos se cruzaron, plantando así la semilla de este libro que fue floreciendo con mucho amor gracias a la valentía, sabiduría y la resiliencia de las mujeres del valle de Tassaout.
El valle de Tassaout, en el Alto Atlas, es una zona muy poco transitada de las montañas imazighen. Son las mujeres de este maravilloso lugar las que humanizan la tierra rocosa que lo forma, mujeres que trabajan incontables horas en el campo, en sus telares, en sus familias, y que, gracias a la entrada al mundo de la educación, también sus días transcurren en la escuela, un lugar que adoran y que les ha abierto las puertas a un mundo hasta ahora desconocido para ellas. La educación les hace más libres e independientes, pero nos parece imprescindible y realmente necesario, ir un paso más allá, y que sean ellas quienes trabajen en lo que deseen de manera remunerada.

Lo explica muy bien Inma, co-autora del libro:
«El conocimiento y la reflexión que transmite la educación hace a las mujeres libres, y cuando ellas obtienen esa libertad son capaces de escoger qué vida quieren llevar. Podéis pensar que lo que necesitan en el valle son medios económicos: necesitan lavadoras para no pasar horas de su vida dándole a un palo en el río, necesitan gas para no tener que recorrer kilómetros cargadas de leña, necesitan vehículos, necesitan comida, ropa y medicamentos. No nos equivoquemos, la educación puede darles acceso a todo eso. Las mujeres son más de la mitad de la población del valle, porque muchos hombres están fuera trabajando. Se trata de mujeres fuertes y capaces a las que se les ha negado una herramienta con la que transformarían sus vidas, se les ha negado la educación. Ellas, todas ellas podrían regentar comercios, albergues y restaurantes para turistas y lo harían mejor que los hombres. Podrían crear cooperativas para ganar su propio dinero, pero también podrían ser las enfermeras, maestras, profesoras, matronas e incluso dirigir ayuntamientos de esta wilaya. Ellas están ahí y queremos que su voz se oiga, también su lamento o su alegría. El eco de su zaghareet (grito de alegría en las fiestas) retumbará en las montañas del valle y se expandirá al mundo.»
Echando la vista atrás, recuerdo las letras que derramaba en noviembre de 2023, en mi querido hogar entre montañas de Amarghoute. A mi lado, las mujeres con las que vivía, tomaban el té, ese día nos tocaba tarde de henna, y nuestra casa se comenzó a llenar de vecinas con ganas de celebrar la vida juntas. Cogí un té, y durante unos minutos, les observé en silencio, admirando su fortaleza.
«Cada día, después de trabajar en sus tierras, de cargar incontables kilos de leña, de bregar con el ganado, vuelven a sus casas para atender y dar de comer a sus hijos. Más tarde, con toda su energía, en la mayoría de ocasiones, intacta, vienen a la escuela. Su pasión por aprender y por compartir ese corto espacio de tiempo juntas, dedicado exclusivamente a ellas, hace que lleguen a clase y arrasen con todo. Besos, abrazos, caricias. Siempre se saludan así, preocupándose por sus familias, sus huertos, sus nogales, su ganado. Son sus rituales y me apasiona unirme a ellas.
Tal vez es que aquí el tiempo transcurre de otra manera, se disfruta y saborea, mientras en otros lugares vivimos tan deprisa que no podemos dedicarnos ese tiempo. Sin darme cuenta, me descubro entre esos abrazos, bailando a su lado, preguntándoles por sus familiares o por ese cuscús tan delicioso que preparan los viernes. Muchas cuentan emocionadas cómo quieren que sus hijas estudien. Hace años esas inquietudes hubiesen sido impensables, en cambio ahora lo dicen con orgullo, sabiendo que seguir acudiendo a la escuela es la única forma de tener más oportunidades, ser más independientes, en definitiva, más libres.»

Hakima, Khadiya, Hlima, Fadma, Fatima, Sanae, Samira… y así hasta 78 mujeres, con historias únicas que narran sus vivencias, sus anhelos, sus deseos, en definitiva, su vida. Una de las mujeres imprescindibles para llevar a cabo este proyecto ha sido Samira, coordinadora de las maestras del valle de Tassaout y profesora de Amarghoute. Hablar de Samira es hablar de pasión por la enseñanza. Ella fue quien nos abrió las puertas de su hogar y quien, junto con Khadiya, nuestra maravillosa intérprete, nos acompañó en todas las entrevistas realizadas. Vive y trabaja en este recóndito lugar de Atlas, pero nació, estudió y creció en una zona urbana.
Aquí, sus palabras:
«Yo me siento como si viviese con mi familia. Ellas también me enseñan muchas cosas, la paciencia, luchar, porque ellas luchan mucho, la fortaleza, porque, cuando quieren conseguir algo, lo hacen con fortaleza para conseguirlo, seriedad, aunque tengan muchos trabajos y muchas tareas, lo hacen rápidamente para poder venir a clase, y la unión entre las mujeres. Hay mucha diferencia entre la ciudad y las aldeas. Las mujeres en las ciudades disponen de todo, tienen la también la escuela. Su vida es fácil, no es como en el campo. En las ciudades las mujeres son independientes. Si una mujer quiere tomar una decisión de ir a un doctor o comprar algo, va sola. Aquí en el pueblo no, no puede ir sin su marido, sin su hombre. Yo lo que hago para ayudarlas a estas mujeres es enseñarles la limpieza. Antes no se daban importancia a sí mismas, podían venir de las tierras, directamente a clase… Los niños, lo mismo, pero yo siempre he dicho que la limpieza es uno de los requisitos del islam. Cuando las
mujeres cuentan su historia, se ayudan a sí mismas, es como ir al psicólogo, se quitan una energía negativa».
Además, el libro cuenta con las ilustraciones de la arquitecta, diseñadora y amiga, Maialen Gonzalo Garcia de Motiloa, quien pudo compartir tiempo con las mujeres del valle y plasmar a la perfección su cotidianidad en el esta tierra mágica.
Tengo la inmensa suerte de seguir compartiendo la vida a su lado, de que sean ellas quienes comparten su sabiduría con los viajeros y viajeras que llegan al Atlas con ganas de adentrarse en una historia que no solo abarca montañas. Identidad amazigh, mujeres transmisoras de su cultura y lengua, resistencia, lucha… y mucho más. Tanemirt timagharen, por seguir siendo mis referentes, mis hermanas, al sitio al que siempre querré regresar. Mi hogar. Tigmi inu.



