Mririda n’Aït Attik y "les chants de la Tassaout", poeta que alzó su voz por las mujeres rurales, nacida en las entrañas de Magdaz
Youness, Saadia, Fatima, Abde… son muchos los habitantes del Tassaout, el valle donde nacio Mririda, los que comparten orgullosos, su vida, con sus luchas, deseos y anhelos. Se la imaginan como una paisana más de esa tierra que les vio nacer. Saadia se identifica con su día a día entre montañas y un trabajo sin fin, Youness nos acerca a ella a través de una ruta desde Ifoulou, pasando por Magdaz, hasta los pueblos nómadas del valle Tassaout. Por el camino, escuchamos parte su vida, su dolor, lleno de reivindicaciones. Procedente de la tribu Aït Attik, la apodaron así por sus cantos, sonidos que evocaban a las ranas. Por eso Mririda, en nuestra lengua local, el tamazight, significa «rana».
Nosotros, el equipo que forma TITRIT, pertenecemos al mismo lugar donde Mririda pasó parte de su vida. Nos sentimos orgullosos de habitar a diario esta tierra que ella nombró en sus poesías, que hoy son un faro donde mirar.
En esta artículo reflexionamos sobre su vida, pero os animamos a viajar hasta el valle Tassaout, donde podremos seguir indagando en el legado de Mririda desde su propio hogar. Internet, en ocasiones, nos hace querer ocuparlo todo, que toda la información esté a un solo «click». Nosotros preferimos que toda la sabiduría que tienen los lugareños del Tassaout sobre ella, siga, como su legado, compartiéndose de manera oral, en paseos sin prisa por las entrañas del Tassaout.
La fuerza de Mririda aún late muy fuerte en Magdaz, y en cada rincón del Valle de Tassaout, en el corazón del Alto Atlas, donde las mujeres timazighen mantienen día a día su legado. La mujer rural marroquí, en el imaginario colectivo de Occidente, parece siempre ocupada, trabajando en sus tierras, en su casa, en su familia, siempre caminando de un sitio a otro, pero siempre de paso, sin detenerse al disfrute, a soñar, a divertirse. Y es ese disfrute, ese deleite el que las hace únicas, porque a pesar de todo, ellas resisten y encuentran espacios donde sincerarse, donde expandir sus ideas, sus deseos y su rabia.
Es en ese intervalo de tiempo donde están inmersas en vivencias por y para ellas. Mujeres rurales del Alto Atlas Marroquí, mujeres de las que nos gustaría expandir su tesón y perseverancia. Mririda, seudónimo de esta mujer poeta, ya que su nombre real aún se desconoce, era una joven tamazight, que alzó su voz por tantas y tantas mujeres del medio rural marroquí, en el valle de Tassaout. Derramaba sus letras de manera oral, en tamazight, su lengua materna. Nació en Magdaz, allá por el año 1900, un pueblo con un encanto singular, con casas de adobe y tierra que va dando forma a diferentes construcciones, con historia amazigh de siglos atrás, una aldea regada por el río Imgis, con una altura de unos 1.900 metros.
Mririda, como tantas mujeres de la zona, pasaba su día entre los huertos, la casa y el cuidado de sus animales. Su comunidad le recordaba cuál era su destino, lo que se esperaba de ella, casarse, tener hijos, cuidar de ellos y guardar su honor. Sus letras, encontradas más tarde cuando huía de su infeliz matrimonio, así lo expresaban:
«¿Cómo encontraré tiempo para soñar en el amor?
El grano está por moler, las vacas para ordeñar,
el cántaro en la fuente, la comida en el fuego.
La jornada es demasiado corta para todas las tareas.
Hay hierba en los campos y madera en el bosque,
el pan está cociéndose y la ropa en el río.
Muerta de cansancio me derrumbo por la tarde.
El alba está aún lejos cuando me levanto.
Se ha hecho de noche hace tiempo cuando me acuesto
¿Cómo tendré tiempo de soñar en el amor?”
Era tan fuerte el fuego que brotaba en su interior, que Mririda decidió huir de la tierra que le vio nacer. Fue entonces cuando se dedicó a expandir su arte por otras zonas de Marruecos, viajaba de mercado en mercado, presentando sus canciones, interpretadas en tamazight. Dicen, que terminó vendiendo su amor a aquellos hombres que querían estar con ella, se rumoreaba que era la cortesana del zoco de la zona, en Azilal, y que recitaba sus poemas a los hombres que visitaban su hogar.
En este poema de Mririda vemos cómo hace alusión a la poligamia, cómo narra su vivencia cuando su supuesto marido se casa con otra mujer. Expresa su dolor, la necesidad de acostumbrarse a esta nueva vida. Eran letras muy transgresoras para la época, donde de la primera mujer se esperaba que asintiera y aceptara su destino… Mririda alzó su voz y puso en sus labios lo que otras querían gritar, pero no les salían las palabras.
“Ha llegado ella, la extraña; ella tiene su lugar en
el hogar, con sus tatuajes que no son nuestros.
Ella es joven, es hermosa como quería mi esposo.
Para sus juegos las noches no son lo suficientemente largas,
pero veremos si ella es igual de valiente en el trabajo.
Está adornada con ropas y pañuelos
de colores más brillantes que los de un plumaje multicolor.
Pero su piel tendrá que acostumbrarse a la lana áspera.
Ir al bosque, ordeñar vacas y cocinar»*
Poema completo en «Les chants de la Tassaout»
"Les chants de la Tassaout" la unión de René Euloge y Mririda n’Aït Attik
Hasta que, René Euloge, un trabajador francés que se afincó en la provincia de Azilal, se enamoró de ella y juntos, se rumoreaba que vivieron una historia de amor. Fue entonces cuando sus letras, esos poemas que hablaban de temas hasta entonces innombrables, como el divorcio, la carga insufrible de trabajo, los matrimonios apalabrados, etc, fueron plasmados en un libro que ha dado la vuelta al mundo, «Las canciones del Tassaout» o «Los cantos del Tassaout» del propio René Euloge.
En este poemario, se encuentran las letras de Mririda, primero se escribió en francés, y más tarde fue traducido al árabe e inglés. El libro recoge sus palabras, que tantos y tantos lugares recorrieron de manera oral, y que, gracias a su fuerza y valentía, quedaron en la memoria de las personas que tuvieron el placer de escucharlas. Poemas que te ayudan a comprender mejor la vida de las mujeres de los valles del Alto Atlas, donde la rutina poco ha cambiado desde entonces. Mujeres que dedican gran parte de su vida a un duro trabajo, que cargan con incontables kilos de leña para calentar sus hogares y hierbas para dar de comer a sus animales. Mujeres que conviven con los fríos inviernos del Atlas, que bien reflejaba Mririda en sus poemas.
En EXPEDICIÓN TITRIT, tenemos viajes en las que nos adentramos en Magdaz, dentro del Valle de Tassaout, en el lugar de origen de Mririda, donde podremos conocer mejor su historia, perdernos por los caminos que se encuentran en este valle con tanto encanto del Alto Atlas.
“El aire del alto pico de Tazerzemt está helado
Dura es la piedra negra de L´Ighil Tazoult
La fuente de los Aït Hamza está helada
Duros son los bosques de robles de Mesgounane
La nieve de Aït Abdi está fría
Duro es el acero del filo de mi puñal”